LA CARA OCULTA DE LAS MONTAÑAS

Se puede decir que tiene algo de anormal elegir subir a una montaña por una vía que no sea “la normal”, como comúnmente llamamos a la ruta habitual y más utilizada para su ascensión. Por lo común, la inmensa mayoría de los montañeros elegiremos la vía normal, que suele ser la de mejor y más fácil camino.

 

Subiendo de Caín a collado Jermoso en los Picos de Europa

“El alpinista es aquel que conduce su cuerpo allá con lo que un día sus ojos soñaron”. Gaston Rebuffat.

Fotografía: Subiendo a collado Jermoso desde Caín.

 

Pero, una vez que hemos subido a una montaña por su vía normal, y ha sido una excursión hermosa, si volvemos a ella ¿por qué no ascenderla por otro lugar? Se puede llegar a muchas montañas por otras vías. Fácilmente será una ascensión con alguna desventaja porque tendrá peor camino o, ni siquiera tendrá camino marcado, o será algo más difícil incluso haciéndose necesario trepar un poco, pero a su vez tendrá seguro grandes alicientes. Transcurrirá, probablemente, por lugares en los que no hemos transitado nunca convirtiendo la montaña en otra nueva. Llegaremos a la misma cima, pero habremos subido dos montañas completamente distintas, multiplicando así la cantidad de ascensiones diferentes que podemos realizar en la misma zona.

 

 

Casi cualquier camino del Pirineo que lleve a cualquier lugar es una buena excursión. Mira que los hay, y mira que hay valles, pues es curioso como unos poquitos concentran a la gran mayoría de montañeros. Hoy es posible andar por cantidad de valles magníficos completamente solo. En todas las ascensiones de las que hablamos aquí, rara vez hemos topado con alguien en sus partes aisladas. Es sencillamente un placer ganar un collado en el que no habías estado nunca y asomar a un valle jamás visto por ti, es un nuevo mundo, Terra Incognita.

 

Camino del collado Arcatille al de Mulets

Del collado Arcatille al de Mulets. 

 

Será mucho menos probable que nos encontremos con gente y comprendo que transitar por lugares en los que hay otros montañeros da tranquilidad, pero también te resta algo muy especial porque encontrarte solo con tu compañero en un valle, en una arista, solos con las montañas, aumenta enormemente las sensaciones de aislamiento, de intimidad, de aventura.

 Neuville

Neuville.

 

Saber que debes calibrar bien todo lo que haces porque ante cualquier problema debes apañártelas tú solo, otorga a la excursión un componente de seriedad, que te obliga a conocerte a ti mismo mejor, lo que eres capaz de acometer y resolver por mucho que se tuerza y en qué situaciones puedes ser vulnerable y quedarte vendido. Sin embargo, cuando nos encontremos a alguien en estas circunstancias, será muy agradable porque lo más probable es que sea alguien que, como nosotros, busca el espíritu solitario de la montaña.

 

 En la arista Kufner a Mont Maudit

Arista Kufner al Mont Maudit. Macizo del Mont Blanc.

 

 

Neuville.

 

En un enorme macizo andaba yo solo por una ruta poco habitual en una arista y, justamente, cuando llegué a un pequeño destrepe que me estaba obligando a plantear si debía continuar o volver, apareció un montañero en sentido contrario, solo como yo, y al llegar hasta mí se detuvo y charlamos. Yo le conté lo que había dejado atrás y él a su vez hizo lo mismo. Me hizo ver que lo que me restaba no era difícil y que podía continuar sin problemas. Me sentí afortunado por ese encuentro que me produjo la misma sensación que a los navegantes solitarios que, en mitad del océano, de pronto, en la soledad más absoluta avistan una vela blanca y acuden al encuentro, se hablan, se intercambian información, alimentos, enseres, se desean buena suerte y se despiden para no volver a verse jamás. Ese recuerdo me es enormemente preciado. Así que seguramente será una excursión menos cómoda pero muy satisfactoria y enriquecedora.

 Forcas de Alano

Forcas de Alano

 

Pero, ¿cómo elegir una vía no habitual?, ¿en dónde encontrar información? Es normal buscarla en internet, sobre una ascensión a una gran montaña por ejemplo del tipo Vignemale, Monte Perdido… y encontrar cientos de relatos de montañeros que la han subido por su vía normal y escasos o nulos relatos por otras vías. Lo mejor es que alguien nos hable de ellas y por eso relatamos aquí lo que conocemos.

 Agujas de Chamonix y Mont Blanc

Buscamos la belleza en la montaña. Una belleza que no solo se ve, sino que además se toca con las manos, se siente en la cara, se escucha y se respira.

 

A uno le puede entrar el interés en una ascensión por ejemplo a vista, que es como antes se hacían las cosas, y me refiero al tiempo de los pioneros, de los primeros montañeros propiamente dichos, porque acudían expresamente a las montañas para ascenderlas. Hay grandes ascensiones en el Pirineo datadas en el siglo XIX y en los primeros años del XX, y no dejaron de abrir rutas y vías más difíciles hasta los años 60. Por supuesto, tras ellos se siguieron abriendo nuevas vías, pero ya son más de escalada pura. Hasta esos años, pienso que todos los montañeros que acudían al Pirineo eran pioneros.

 

Si habéis escalado en Etxauri, tal vez conozcáis

cierta vía que se llama La Mertxe. Pues os presento

a Mertxe rapelando La Rueca.

 

 

No hace tanto tiempo de eso, mi padre y sus compañeros se pueden considerar de esa época, y empezaron a ir a los Pirineos en los años 50 y 60. Entonces a penas disponían de otra información que lo que veían y hacían ellos mismos, y de la que se intercambiaban entre sí en el Club Deportivo Navarra, el Irrintzi, el Oberena…, o en otras excursiones. Pero iban mucho, aunque no dispusieran, ni por asomo, de los medios de hoy. Y cuando llegaban a una cima observaban y estudiaban todo su alrededor, y veían en el valle de enfrente una hermosa montaña que, aparentemente, se podía ascender por aquí o por allá, desde tal valle, y la programaban para una excursión. A vista. Igual encontraban a alguien que ya había estado allí, o igual no. E iban con la imagen que guardaban en su memoria. A veces resultaba una gran excursión y a veces no podían subir, o se perdían y acababan en otro lugar distinto. Pero para ellos no existían vías normales y no normales como se entienden hoy. Todos los lugares por donde se podía subir a una montaña eran deseables y atractivos. Se referían a una vía como normal más bien por un concepto de dificultad, la vía más fácil y normalmente la vía de descenso, aunque subieras por otro lugar.

 

¡Ala! ¡Vamos al Pirineo! Contar con automóvil en una excursión

 era extraordinario. Su medio natural era el bus.

 

Me atrevería a decir que, entonces, conocían las montañas mucho mejor de lo que se conocen hoy, en general, porque las ascendían por todos los lugares. Y al ir a vista, sin información, sin mapas y sin caminos, te obligas a fijarte mucho más en todo. En cómo son los valles, con qué otros valles lindan y por qué collados, en posibles rutas de escape, en pasos accesibles para ascender o descender de las montañas que ves, en los lugares con agua…

 

Escuela de escalada de Etxauri. El Cervinico.

 

Cuando quise buscar una ruta para ascender al macizo del Vignemale desde el lado español, desde el valle de Ara, no encontré nada en internet a parte de la Cerbillona, y sabía que hay alguna ascensión que se suele hacer en invierno con nieve, pero que en verano no es muy aconsejable por ser terreno escarpado y pedregoso, incómodo. Pero la llamada del Vignemale es poderosa, ¿quién no la ha sentido al avistar por primera vez esa mole omnipresente, desde Formigal o Panticosa? Lo que yo hice entonces fue recurrir a los pioneros y encontré una de las ascensiones más elegantes y hermosas que he podido realizar.

El Gran Vignemale desde Picos del Infierno.

 

Entre los años 1950 y 1968 el Centro Excursionista de Cataluña publicó una colección de cuatro pequeños libros sorprendentes. En ellos se encuentra información detallada de todas las montañas de Alt Bergueda y Cardener, Pedraforca, Cerdanya, Posets-Maladeta, Pallars-Aran y Vignemale-Monte Perdido, montañas mayores y “menores”, con descripción detallada de todas las vías de ascensión posibles en cada una de ellas, dificultad, horarios… No tienen fotos, pero contienen unos croquis y dibujos asombrosos e incluso mapas, aunque estos no son ya de mucha calidad. Los firman Agustí Jolis, Mª. Antonia Simó de Jolis, André Armengaud y Robert Ollivier en el caso del último, que comprende Vignemale-Monte Perdido. Y es ahí, donde encontré una ruta que desde el collado de Oulettes entre los valles de Ara y de Gaube, subía por la cresta hasta la base del glaciar del Clot de la Hount, y lo más asombroso, desde su base, en la que si miras a la cima del Clot de la Hount solo puedes atisbar una muralla de rocas, te describe una ascensión fácil y cómoda. Mirando allí sentados al croquis del libro y a la montaña un rato, de pronto la vimos, estaba claro, la ruta trazada en el croquis se distinguía claramente en la muralla, como un pasadizo entre lo infranqueable. Asombroso, emocionante…

 

Ascendimos en soledad, solos con la compañía de nuestra guía por lugares elegantes y hermosos. Y podéis imaginar que, en nuestra ruta de bajada, por la normal hasta Oulettes de Gaube, topamos con docenas, quizás cien montañeros o más.

Encontraréis información sobre ascensiones de este tipo en esta colección o en libros como “Los Pirineos las 100 mejores ascensiones y excursiones por Patrice de Bellefon”, hermano menor del mítico “El Macizo Del Mont Blanc Las 100 mejores ascensiones de Gaston Rébuffat” y auténticas biblias de toda una generación, o dos, o los de Miguel Angulo, por ejemplo.

 

Quien tiene este libro tiene un tesoro

 

Así eran los pioneros. Exploraban todo y encontraban toda ruta posible. Imagino que toparon muchas veces con pasos imposibles y se volvieron frustrados, que se enmarronaron y se perdieron unas cuantas veces. Y ascendían todo hasta el sexto grado. Acudían con sus pesadas botas, cuerdas y clavijas y con sus pasos de hombro escalando todo hasta que se les ponía imposible. Aun así, a veces lo sacaban a base de estribos.

 

Escalando con estribos.

 

Lo que cuesta apreciar, además, es que entonces las montañas eran más grandes. Eran las mismas si, pero no los caminos, ni las carreteras, ni los medios. Cuando mi padre quiso ascender al Anie, a la altura del restaurante Txamantxoia acababa entonces la carretera. Tenían que alcanzar Larra y atravesarlo entero. Un laberinto kárstico sin camino ni agua. A penas hay un par de fuentes que no sé si hoy en día conocerá nadie, si es que sigue brotando agua de ellas. Quizás algún pastor del valle o alguien como mi padre.

 

“¿Por qué vamos a las montañas? Porque están ahí” Lionel Terray”

 

No llevaban teléfono móvil ni radio, ni mapas, no se encontrarían con nadie y no disponían del servicio meteorológico que tenemos hoy, evidentemente, así que si lograban no perderse igual se les echaba esa niebla tan habitual y se perdían irremediablemente. O les atrapaba una buena tormenta, como les sucedió una vez que, en mitad de Larra veían rayos y centellas rebotando entre las rocas a su alrededor. Les costó por lo menos cinco intentos, cinco excursiones alcanzar la cima. Hacía más frío y las montañas tenían más nieve. En cualquier fotografía que tenga unas décadas se puede apreciar mayor carga de nieve, no digamos de los glaciares, que han menguado una barbaridad. Nada que ver con la montaña que es ahora, a la que asciendes tras subir el puerto y atravesar todo Larra hasta la Piedra de San Martín en coche, y después tienes un buen camino hasta arriba. Y si te haces daño y no puedes andar, te sacan en helicóptero.

 

Picos de Europa

“Cuando salimos a la montaña escribimos un WhatsApp con el texto “entramos en modo avión”. Al regresar a la civilización escribimos “salimos de modo avión”. Ese paréntesis es una ruptura radical con el mundo urbanizado.”

 

Si querían hacer una excursión al Midi D ’Ossau tenían que llegar por el valle de Canal Roya porque si iban por la frontera de Formigal los guardias, no les dejaban pasar alegando que era muy peligroso aquello que pretendían hacer. Cuando hicieron por primera vez las crestas del Diablo, supuso una pequeña expedición. Alquilaron un mulo en Sallent para transportar la tienda, las cuerdas, las latas de comida, las clavijas…, muchas clavijas hechas por ellos mismos, porque no sabían nada de la vía y si tenía muchos rapeles había que ir abandonándolas. Y las hicieron sin apenas información de lo que se iban a encontrar, alguna referencia lejana y sin nadie que les pudiera auxiliar en caso necesario. Toda una aventura. Fijaros cómo andaban por esos montes que, una vez realizadas las crestas del Diablo, en ved de bajarse por alguna ruta más asequible desde Respumoso, se subieron a la Gran Facha y bajaron por la arista Este hasta Panticosa, y con una pesada mochila. Una ruta en la que hoy se mete poca gente para subir, y menos para bajar, que es aérea y con pasos de trepar en roca. Pero una ruta hermosa.

 

Valle de Chamonix. Desde las Grandes Jorases hasta el Mont Blanc.

 

Así que, con ese espíritu, plasmamos aquí algunas de las excursiones anormales que hemos podido hacer y conocer, con el ánimo de compartirlas, por si hay alguien a quien pueda llegar esta información y la pueda aprovechar.

 

Collado Jermoso en Picos de Europa.

“Somos montañeros anónimos.  Quizás nos hemos cruzado en la montaña o incluso hemos caminado juntos parte de la travesía. Hasta es posible que hayamos compartido unas cervezas en algún refugio. ¡Nunca se sabe!”

 

Aventuramodoavión