Un tipo llamado Marc

Recientemente nos llegamos a Ballivierna para pasar cuatro días. Acampados en la zona libre de Plan de Senarta un viernes y pasadas las doce de la noche comenzaron a llegar coches y a pasar corriendo trescientos cincuenta participantes del Gran Trail Aneto-Posets armándose un gran revuelo. Al llegar nosotros a la mañana siguiente al refugio de Coronas, nos contaron que el primer participante había pasado por allí a las seis de la mañana. Seis horas es el tiempo que le había costado llegar desde Benasque dando la vuelta al macizo entero de Maladeta y Aneto. Seguirían la marcha subiendo a Cerler, bajando a Benasque y dando la vuelta completa al macizo del Posets, entrando de Eriste y saliendo de Estós hasta el final en Benasque. 105 km, 6.700 m de desnivel en los que el primero emplearía menos de 15 horas.

 

En el Pico de Cregueña

En el Pico de Cregueña.

 

Ya los vimos el año anterior. En esa ocasión nos los cruzamos un sábado por la tarde en todo el recorrido que baja al refugio de Biadós desde el collado de Eriste. El último participante debió pasar por el collado sobre las tres de la mañana, o sea que llevaba 27 horas y aún le quedaba bajar a Biadós, remontar Chistau y atravesar todo Estós hasta llegar a Benasque. Muchos lo completan en más de treinta horas, más del doble de tiempo que el primero.

Nosotros, mansamente, tuvimos ocasión de subir ese día a los ibones de Coronas y al Pico de Cregüeña, que tiene unas vistas espectaculares de Ballivierna y de todos los picos desde el de Alba hasta el Russel.

 

Desde el Pico Maldito hasta el Russell

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Una vuelta espectacular al siguiente día subiendo al Pico del Medio y recorriendo la fantástica cresta hasta los Coronas para bajar otra vez al ibón del mismo nombre. Ese día había allí unos treinta montañeros y creo que todos ellos subieron al Aneto, además de otra cantidad similar que habría subido desde la Renclusa. Parece que los montañeros no terminan de ser libres en las montañas. Muchos permanecen cautivos del empaque social de un nombre: Aneto, Posets, Monte Perdido, Vignemale… Contar que he estado en el Anteto o contar que he estado en el Pico del Medio, ¿quién rayos conoce el Pico del Medio? Contar, contar, contar…

Pico del Medio

Pico del Medio desde el Coronas.

 

Pasamos  a Llosars y al tercer día excursión al Pico Tempestades, por el imponente collado que lo separa del Pico Margalida.

 

Pico Margalida

Pico Margalida.

 

Un espectáculo. Por la tarde estábamos solos en el ibón de Llosars y de reposo, cuando apareció un tipo monte atraviesa, con el que mi compañero enseguida entabló conversación. Se llamaba Marc, era de Lleida, iba solo y no tenía ni idea de a donde iba porque no quería saberlo. Se movía guiado por sus ojos y sin apenas conocer esas montañas. Él miraba, veía un lugar que le atraía, un collado, un valle, y allí que se iba con o sin camino monte a través. A vista. Simplemente esperaba ir recogiendo los regalos sorpresa que las montañas quisieran ofrecerle. Nos contó que esa era la primera vez en su vida que llevaba un mapa, y que a veces le costaba entenderlo. De hecho, a veces pensaba que el mapa estaba mal porque no le cuadraba lo que veía. Charla que te charla pasamos un par de horas de lo más agradable una buena tarde, aunque de fuerte viento frío. El nos ofreció su pan con tumaca, nosotros nuestro queso. Antes de anochecer se dirigió a un lugar que vio antes de llegar al collado, en el que pensaba que no le daría el viento y desde el que desfrutaría de más tiempo de sol, y de unas hermosas vistas. No llevaba tienda, aunque ya había pasado el riesgo de tormenta. A nosotros el día anterior nos pilló una entre lago y lago.

 

Ibon de Llosars

Ibón de Llosars

 

Y nos despedimos deseándole fortuna para su próximo viaje a Mongolia, a vista. Porque este, por lo que parece, va por el mundo igual que por las montañas, a vista y sin mapas.

Al día siguiente conocimos en el refugio de Coronas a Berta, que debió tener una crisis existencial porque dejó el piso, el trabajo y al novio, cogió la mochila y se plantó en Cap de Creus. Tras unos días de travesía, allí estaba. Yo diría que contenta de haberlo hecho. Seguro que volvió a Tarrasa con las ideas más claras.

Cuando bajamos pudimos hablar con alguno del valle y nos contaron lo que sabían de la carrera. Un hombre que trabajaba por allí nos contó que coincidió en el hotel con el que llegó el último. Salieron juntos a un cajero y no podía casi andar porque estaba hecho una piltrafa. El hombre, no entendía aquello, ¡cómo le podía compensar! El pensaba que ese montón de participantes que empleaban más del doble de tiempo que el primero y que llegaban destrozados, no debían hacer algo así. Desde luego es una decisión libre, pero difícilmente se entiende. Se puede entender que la élite lleve el cuerpo al límite de lo posible y que averigüe así de qué es capaz el ser humano (en ese mes se corre el Buff Epic Trail y el campeón del mundo en 2.016 empleo unas once horas y media para recorrer 105 Km y casi 8.000 m de desnivel), se puede entender que personas en estado de forma fantástica hagan esos esfuerzos y además los disfruten (aunque yo jamás lo haría con otros 349, preferiría hacerlo solo o con amigos). Pero lo de los demás, realmente cuesta entenderlo. Se parece a una obsesión.

En fin Marc, cuando pienso en los 350 me acuerdo de ti. ¡Cuánto más me place tu forma de entender la montaña! Podría dar muchas razones, pero la que me viene primera es que Marc va todo el rato mirando a lo alto y al cielo, mientras que los 350 a penas pueden mirar otra cosa que no sea al suelo. Su reto es físico, transitan por las montañas con el cuerpo. Lo de Marc y y Berta, es más bien un paseo espiritual, estoy seguro de que se llevaron de esas montañas mucho mas que los que las atravesaron corriendo. Para Bernard Montessier “…record es una palabra estúpida en el mar” y para mi que record es una palabra sin sentido en la montaña.